El #amor es saltar al vacío y esperar que en la caída te crezcan alas…

Pensé que nunca me enamoraría, pero la vida siempre se encarga de llevarte la contra y de mostrarte lo equivocada que estás. Caminábamos por las calles de la que ahora es su ciudad, el sol había salido ese domingo para nosotros y de a ratos él giraba su cabeza para mirarme mientras me contaba algo. Me llevó a todos los rincones, pero a mí no me interesaba conocer nada, no podía dejar de pensar en su mano que colgaba sola de su brazo y fue en ese instante en el que por primera vez quise caminar de la mano con alguien. Todavía conservo el pasaje de ese viaje, viaje que marcaría un antes y un después para mí, viaje donde salté al vacío y no me di cuenta. Cuando te haces a la idea de que estas sola, que puedes con todo o que tienes que poder con todo lo que te toca lidiar porque no hay nadie que te levante si te caes, te acostumbras. Se te vuelve rutina llegar a tu departamento y comer sola, empiezas a no planear cosas a futuro con nadie más que contigo misma, la paciencia desaparece, te vuelves auto su曆☶ciente y toda la literatura inglesa que leíste es basura porque no hay manera de que en la vida real te encuentres con un Mr. Darcy a lo Jane Austen.

 

Para mí no existía hombre que me doblegara, solía hacer chistes con mis amigas diciendo que el tipo que me siguiera los pasos todavía no había nacido y ellas criticaban mi manera de actuar diciendo que mi vara estaba muy alta; no entendían que mis héroes literarios justificaban cada una de mis exigencias. Pero vieron como es de maldita la vida, que siempre se encarga de llevarte la contra y de mostrarte lo equivocada que estás; no hizo falta que se movieran demasiadas 曆☶chas porque a mí me alcanzó con verlo para pensar: “estoy jodida”. Y así fue, él es de esas personas que vienen a descompaginarte la existencia, que te desequilibran las emociones, que vienen a desordenar tu vida ordinaria y tú estas ahí mirando desesperada como cuando tus amigos llevan a sus hijos a tu casa: “no, eso no, ¡eso no se toca!”.

De nada me sirvieron los cinco millones de mecanismos de defensa desarrollados que según mi psicóloga poseo. El tipo barrió con todo, movió acá, movió allá y en menos de un mes me tenía cortando papeles de colores. Me dejé llevar por lo que sentía porque quería darle lo mejor, pero como la vida no se detiene ni un segundo para dejar de ser tan maldita, un día nos golpeó la puerta y dejamos 룗ltrar entre nosotros factores externos que dejaron secuelas, secuelas orgullosas y resentidas, secuelas egoístas y mal habladas, secuelas dañinas que no nos dejaron avanzar más y que desconfían cada vez que tocan la puerta otra vez.

A veces me detengo a pensar y me sorprende lo rápido que me enamoré de él, estando juntos nos llevábamos el mundo puesto, queríamos conseguirlo todo pero nos olvidamos de cuidar el uno del otro. Dejamos que lo que nos rodeaba decidiera por los dos y fijamos la mirada en lo que no hicimos en vez de salvar lo que ya habíamos construido. Podía despertarme y verlo enroscado en mi cintura, no me importaba mirar una y mil veces películas que ya conocíamos de memoria, amaba que me preparase una leche con chocolate, y para nosotros era inevitable terminar de almorzar y no ponernos a pensar qué podríamos comer a la noche, solíamos planificar una tarde en alguna plaza para después terminar acostados mirando otra vez Harry Potter o jugando al Scrabble. ¿Cuántas veces tenemos la felicidad ahí no más y la seguimos buscando? Un beso y un “hola mi amor”, un abrazo inesperado mientras cocinas, que no le importe lo cansador que fue su día y tenga energías para acariciarte el pelo mientras dormís, que te dedique tiempo, que tenga un fondo de pantalla con una foto de los dos, que vuelva cada semana para verte y hacer las mismas cosas porque no se imagina de otra manera. Nada que valga la pena resulta fácil de lograr, pero no todos están dispuestos a luchar por lo que vale la pena tener; para todos existe o existió alguien al que seguirían hasta el 룗n del mundo sin importar nada, si para ti todavía existe no lo descuides porque como dice el amigo Benjamin Griss, después de todo, “el amor es saltar al vacío y esperar que en la caída te crezcan alas”.

 

Artículo obtenido de http://www.upsocl.com/colaboracion/el-amor-es-saltar-al-vacio-y-esperar-que-en-la-caida-te-crezcan-alas/?utm_source=Portada&utm_medium=Pagina&utm_campaign=links

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